Ametsetarik nace de la convicción de que el País Vasco se conoce mejor con botas sobre el terreno que desde una pantalla. Este proyecto reúne rutas documentadas paso a paso, conversaciones con quienes viven el monte a diario y una mirada atenta al patrimonio rural que sostiene cada sendero.
Ametsetarik nació en 2016 como un cuaderno de campo compartido entre dos amigas que recorrían los senderos de Gorbeia cada fin de semana. Lo que empezó con anotaciones manuscritas y mapas doblados se convirtió en una guía viva del País Vasco, construida paso a paso, salida a salida.
Tras una ascensión al Anboto con niebla que nos obligó a improvisar la bajada, decidimos registrar cada ruta con tiempos reales, puntos de agua y avisos de terreno. Ese primer cuaderno tenía 14 senderos y ninguna foto digital.
Los lectores del blog pedían algo más que descripciones. Empezamos a dibujar croquis topográficos a mano, con desniveles acumulados y cruces señalizados. Hoy esos mapas se descargan más de mil veces al mes.
Incorporamos entrevistas con pastores de Arratia, guardas forestales de Urkiola y guías locales de Aizkorri. Sus conocimientos sobre el terreno, la flora y las tradiciones de los caseríos dieron a la guía una capa que ninguna app ofrece.
Publicamos la primera serie de rutas por estación: hayedos en otoño, neveros en primavera, sombras en verano y barro gestionable en invierno. Cada guía incluye qué llevar, qué flor encontrarás y qué refugio abre.
Hoy trabajamos con seis colaboradores fijos que viven en distintas comarcas vascas. Cada ruta publicada pasa por al menos dos revisiones sobre el terreno, y las condiciones se actualizan cuando cambian los accesos o la señalización.
Lo que empezó como cuadernos de campo escritos a mano en los refugios de Gorbeia se ha convertido en una guía viva del País Vasco. Cada etapa de este recorrido responde a una misma pregunta: cómo ayudar a quien camina a leer el monte con más calma y más respeto.
Tras una temporada marcando senderos en el entorno de Urkiola, publicamos la primera recopilación de recorridos propios: doce rutas con anotaciones sobre desniveles, fuentes y tramos embarrados. Sin mapas oficiales, solo libretas y fotografías analógicas.
Incorporamos mediciones GPS propias y contrastamos cada tiempo con caminantes de distinto nivel. Dejamos de copiar datos de otras guías y empezamos a publicar tracks verificados, con avisos sobre zonas de piedra suelta y cambios de marea en la costa.
La sección de voces del territorio tomó forma: conversaciones con quienes conocen los caseríos, los pasos de ganado y los refugios sin vigilancia. Estas charlas cambiaron nuestra forma de describir los paisajes y de advertir sobre accesos privados.
Publicamos el primer calendario de excursiones por época del año, con atención a la niebla en los hayedos, la floración de los brezales y las tormentas de verano en las cumbres. La seguridad dejó de ser un anexo para convertirse en parte central de cada ruta.
Los lectores empezaron a enviar correcciones, avisos de desprendimientos y nuevas variantes. Hoy, cada guía se revisa al menos dos veces al año con la ayuda de quienes recorren estos senderos con regularidad. El proyecto sigue siendo pequeño, pero el terreno lo conocemos bien.